Lizette León: haciendo ciencia micro a lo grande

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Laura Nathaly Torres Romero

Periodista científica

Era julio de 1999 y Lizette se encontraba en la última y más extensa salida de campo de su carrera universitaria, en Caicedonia, Valle del Cauca. Esa tarde, los estudiantes habían organizado un partido de fútbol con pobladores del municipio. Iban por la mitad del camino hacia la cancha cuando el sonido de los disparos les avisó que habían quedado atrapados en medio de una toma guerrillera. Corrieron a buscar refugio en las casas aledañas y durante horas escucharon helicópteros, interminables ráfagas de disparos y explosiones. 

Isabel, la mamá de Lizette, aún recuerda aquellanoche: “esa toma fue noticia nacional. Estaba muriéndome de angustia porque en esa época no teníamos los benditos celulares para comunicarnos como ahora, no sabía si ella estaba a salvo. Me la pasé orando hasta que recibí su llamada y me dijo que estaba bien”.  Ella nunca imaginó que la determinación que su hija había demostrado desde la niñez por ser científica la llevaría a enfrentar este tipo de situaciones. Lizette, por su parte, tampoco se imaginaba que esta sería una anécdota que contaría al rememorar el camino que recorrió para convertirse en una destacada micropaleontóloga.

Lizette León junto a su mamá en una exposición de sus dibujos en el Colegio San José. Bogotá, 1987. Archivo personal de Lizette.

El camino hacia la micropaleontología

Durante un viaje familiar a Villa de Leyva, cuando Lizette tenía nueve años, vio el esqueleto fósil de un enorme reptil marino —el famoso Kronosaurus boyacensis— que había habitado el mar de Colombia hacía más de cien millones de años. En ese momento, supo que, cuando creciera, quería dedicarse a buscar esos fósiles que aguardaban ser hallados durante millones de años. Al llegar el momento de elegir una carrera universitaria, no tuvo que pensarlo mucho y eligió la puerta de entrada a la paleontología: la geología. 

Aunque fueron los grandes fósiles los que la enamoraron a primera vista, un día, por casualidad, se adentró en el estudio de los microfósiles cuando tuvo que decidir cuál sería su trabajo de grado para convertirse en geóloga de la Universidad Nacional de Colombia. Fernando Etayo, un reconocido paleontólogo colombiano que había sido su profesor en dos oportunidades, le sugirió hacer su trabajo sobre las conchas fósiles de unos diminutos seres marinos llamados foraminíferos.  

¿Foraminíferos? Hasta entonces, Lizette no había oído hablar mucho sobre estos microfósiles. No era de extrañar, pues poco se divulga sobre la existencia e importancia de los fósiles que miden menos de un milímetro. «Cuando aparecen noticias en el periódico sobre paleontología, casi siempre se trata de macrofósiles: la huella de un dinosaurio, tortugas, plantas. Y claro, a mí también me fascinan, pero, aunque los microfósiles han sido cruciales para comprender, por ejemplo, los cambios climáticos, no reciben tanta atención. Son como los patitos feos del mundo paleontológico: pequeñitos y silenciosos. Para hacerlos visibles, hay que imprimir el gran foraminífero en 3D o mostrar una fotografía espectacular», explica. 

Adentrarse en el mundo de los microfósiles representó un desafío que le demandó varios años de dedicación. Mientras sus compañeros de carrera ya se encontraban escribiendo sus tesis, ella apenas estaba averiguando cuál era la mejor técnica para extraer foraminíferos de las rocas. Además, en ese entonces comenzó a colaborar con el profesor Etayo como geóloga junior en el Servicio Geológico Colombiano, en la catalogación de una colección de fósiles de unos moluscos marinos extintos conocidos como amonites. 

Todavía recuerda cuando vio bajo el estereoscopio los foraminíferos que había estado buscando durante largos meses de trabajo: “fue tan bonito. Ahí estaban. Habían pasado 100 millones de años para que yo los viera. Es difícil describir esa satisfacción personal. Me enamoré por completo, no solo de los fósiles en sí, sino de todo lo que estos representaban: las historias que podían contar y darte cuenta de que eres buena en algo”.

Lizette conserva con cariño las primeras placas micropaleontológicas que elaboró. Cajas aplanadas y rectangulares, de menos de diez centímetros de largo, protegidas con una lámina de vidrio transparente que permiten ver en su interior a decenas de microfósiles de foraminíferos que extrajo cuidadosamente en 1998.  Una de estas placas tiene el vidrio agrietado, lo que no sorprende considerando que la han acompañado en sus travesías científicas intercontinentales hace más de dos décadas. 

Isabel, la mamá de Lizette, aún recuerda aquellanoche: “esa toma fue noticia nacional. Estaba muriéndome de angustia porque en esa época no teníamos los benditos celulares para comunicarnos como ahora, no sabía si ella estaba a salvo. Me la pasé orando hasta que recibí su llamada y me dijo que estaba bien”.  Ella nunca imaginó que la determinación que su hija había demostrado desde la niñez por ser científica la llevaría a enfrentar este tipo de situaciones. Lizette, por su parte, tampoco se imaginaba que esta sería una anécdota que contaría al rememorar el camino que recorrió para convertirse en una destacada micropaleontóloga.

Algunas de las primeras placas micropaleontológicas que Lizette conserva desde 1998. Archivo personal de Lizette León.

Durante su maestría en micropaleontología, que cursó en la Universidad Internacional de Florida, Lizette investigó cómo los foraminíferos pueden revelar información sobre los movimientos de las placas tectónicas y los cambios locales en el nivel del mar. Más adelante, en su doctorado en paleoceanografía en la Universidad Rice en Houston, se enfocó en el cambio climático, el calentamiento global y la acidificación de los océanos. Utilizó métodos geoquímicos y micropaleontológicos para estudiar eventos de calentamiento extremo hace cincuenta y cinco millones de años, durante el periodo conocido como Eoceno temprano.

Lizette analiza foraminíferos a bordo del barco Joides Resolution, Expedición 320/321. Pacífico ecuatorial, 2009. Archivo personal Lizette León.

Presidenta 

Joseph Cushman fue un pionero en el estudio de los foraminíferos, con más de quinientas publicaciones académicas a su nombre. De hecho, es considerado como el padre fundador de la micropaleontología estadounidense. En 1950, un año después de su fallecimiento, sus estudiantes y colaboradores fundaron la Fundación Cushman para la Investigación de Foraminíferos (The Cushman Foundation for Foraminiferal Research) con el fin de promover la investigación sobre estos microfósiles. 

Durante su pregrado, Lizette revisaba con frecuencia las publicaciones del Journal of Foraminiferal Research, la revista de la Fundación Cushman dedicada a la investigación de foraminíferos. Nunca imaginó que, años después, no solo formaría parte del equipo directivo, sino que también se convertiría en la primera mujer latina en presidir esta prestigiosa y relevante organización en el ámbito de la micropaleontología mundial. Cuando habla de esto, es fácil notar lo significativo que ha sido para ella: “para mí es un honor gigante que tantas personas brillantes hayan depositado su confianza en mí al elegirme para liderar la fundación. Es conmovedor”. 

Lizette participando en el Congreso Forams 2023 celebrado en Perugia, Italia. Archivo personal Lizette León.

El objetivo de esta organización es promover la investigación científica en el campo de los foraminíferos por medio de la entrega de subvenciones, becas y premios. “Le he puesto mucho corazón a seguir impulsando que la fundación apoye a investigadores de regiones donde la práctica científica es particularmente compleja. Sé lo difícil que es cuando vienes de un país en desarrollo. Es maravilloso escuchar a científicos expresar cómo, gracias a la fundación, han tenido la oportunidad de salir de su país por primera vez y presentar los resultados de sus investigaciones”, relata. 

Un estilo de vida

 En la casa de Lizette, la ciencia es un tema habitual de conversación. En su estudio, tiene un estereoscopio que utiliza con frecuencia para mostrar a sus hijas, familiares e invitados las fascinantes y diminutas conchas de los foraminíferos. Para Fermín Fernández, su esposo y también científico, la geología es mucho más que su trabajo, es un estilo de vida: «la casa está llena de bolsas de arena por todas partes. Lizette trae un montón de cosas del campo, las guarda en casa y luego las olvida en cualquier lugar. Algunas de estas bolsas las conserva desde que la conozco, e incluso antes. Las guarda porque contienen fósiles que podrían servir para enseñárselos a los niños o para cualquier otro uso», cuenta.

Lizette de vacaciones en Diamond Beach, Islandia. 2018. Archivo personal de Lizette León.

Para Lizette, las visitas a cualquier lugar del mundo son oportunidades no solo para expandir su comprensión científica, sino también para compartir su entusiasmo por la paleontología. “Cuando vamos a la playa, coge un puñado de arena y empieza a observarlo y a enseñar a nuestras niñas, a mis sobrinas o a los amigos sobre los fósiles que pueden encontrarse ahí. La verdad es que lo hace muy bien, porque la gente se interesa y consigue captar su atención”, relata Fermín. 

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