Sofía Barragán: la exploradora del tiempo

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Laura Nathaly Torres Romero

Periodista científica

Lyda acababa de llegar a su casa después de una caminata por la zona rural de Paipa, Boyacá. Tenía pensado hacer una sopa y descansar el resto del día. Comenzó a alistar los ingredientes cuando los perros empezaron a ladrar. Aparecían de todas partes, como es habitual en las zonas rurales de Colombia. Al asomarse por la ventana, vio a su hija Sofía descendiendo por el empinado camino de tierra que llevaba a su casa. «Dios mío, ¿qué me está pasando? Estoy viendo visiones», pensó. Con unos ajos en la mano, corrió a abrir la puerta. Era ella, su negrita, como siempre le había dicho de cariño. Las lágrimas resbalaban por su rostro mientras se abrazaban. 

—¿Pero tú qué haces acá? ¿Por qué hiciste ese viaje tan caro, Sofi? 

—No te preocupes, yo estoy bien. Sabía que teníamos que darnos este abrazo. 

Para Lyda, ese fue el abrazo más lindo del mundo. No era para menos. Era octubre de 2021, habían pasado diez meses desde que Sofía había partido rumbo a Alemania para trabajar como investigadora doctoral asociada en el instituto MARUM de la Universidad de Bremen. Su fascinación por unos diminutos bichos marinos, conocidos como foraminíferos, primero la llevó a estudiar su maestría en la Universidad de Zaragoza, en España, y ahora la había conducido a estudiar su doctorado a más de nueve mil kilómetros de la casa de su mamá, en Paipa.

Sofía comenzó su doctorado en medio de una situación mundial álgida: la humanidad estaba aprendiendo a lidiar con una pandemia. Los trámites para salir de Colombia fueron tediosos en medio del confinamiento. Se fue en un vuelo trasatlántico casi vacío con destino a Alemania, ese día perdió el tren y sus primeras semanas en Bremen estuvo estrictamente confinada. Además, se había cancelado la expedición de la cual obtendría las muestras para su trabajo doctoral. No fue fácil, pero ella se había estado preparando para sortear los desafíos que implica hacer ciencia desde que estaba en el colegio y tomó la decisión de convertirse en geóloga.

Haciendo ciencia micro

Aunque siempre supo que quería ser científica, fue hasta que vio un documental en el que geólogos extraían muestras de un volcán que supo qué carrera quería estudiar. Se ilusionó con la idea de ser vulcanóloga o sismóloga. Además, esta carrera era perfecta para combinar todo lo que le gustaba. “La geología recoge todas las ciencias exactas y las aplica para entender nuestro planeta. A mí me gustaban la biología, la física, las matemáticas y la química, y yo quería hacer todo al mismo tiempo. La geología te permite hacer eso. Por ejemplo, en mi doctorado estoy combinando ecología, química y oceanografía”, explica.

Nunca estuvo en sus planes dedicarse a la paleontología. De hecho, cuando hacía su pregrado en la Universidad Nacional de Colombia, evitó esa materia todo lo que pudo. Lo que ella no sabía es que solo bastarían dos clases de micropaleontología para que su profesor, Carlos Sánchez, un investigador de foraminíferos, lograra contagiarla del entusiasmo necesario para estudiar este grupo de seres. Es fácil notar la satisfacción con la que Sofía lo relata:  “la primera vez que yo vi ese bichito (foraminífero) en un estereoscopio, me enamoré. Yo no podía creer que una cosa tan chiquitita, tan pequeña, pudiera tener tantas formas, pudiera ser tan hermosa y además de eso, que pudiera dar tanta información del planeta. No sabía que algo tan pequeño, que pasa desapercibido al ojo humano, me iba a llevar a recorrer el mundo, a colaborar con científicos de varios continentes, y a despertar cada día con más preguntas que respuestas”.

Los foraminíferos, o forams como se les denomina de manera abreviada, son un grupo de diminutos organismos marinos unicelulares que por lo general miden menos de un milímetro. Estos bichitos suelen construir conchas de gran variedad de formas y tamaños alrededor de su única célula, utilizando elementos del entorno. El trabajo científico de Sofía se ha convertido en un viaje en el tiempo a través del estudio de estas conchas. En ellas, se guarda valiosa información sobre cómo era el lugar en el que vivían: la salinidad del agua, la concentración de oxígeno e incluso la temperatura.

Una vez que los foraminíferos mueren, sus conchas se acumulan en el fondo oceánico, preservando datos valiosos durante miles e incluso millones de años. Con el estudio de estas conchas, es posible reconstruir diversos procesos oceánicos que ayudan a entender cómo ha evolucionado el clima global en el pasado geológico y, más importante, comprender el posible curso del actual cambio climático. “A pesar de que son tan pequeñitos y que no los ves a simple vista, cuando estás estudiando estos microfósiles (conchas de forams), es muy impresionante ver cómo algo tan diminuto te da información a gran escala de lo que pasó hace muchos años y, más aún, de lo que puede esperarnos en el futuro. Esa es una de las cosas que me fascina”, detalla.

Fotografía a través de estereoscopio de unas de las muestras que Sofía analizó durante su doctorado. Archivo personal Sofía Barragán Montilla.

En su doctorado, Sofía analizó muestras recolectadas costa afuera de Senegal (África) mediante un método que consiste en sumergir un tubo largo hasta el fondo del océano para obtener sedimento o fango de diferentes profundidades, denominado núcleo. Durante su investigación, estudió dos núcleos divididos en diferentes secciones, los cuales contenían sedimento formado desde el final de la última desglaciación, hace aproximadamente 19.000 años. Este período es crucial porque registra cambios en las corrientes oceánicas, un fenómeno que podría repetirse a mediados de este siglo debido al cambio climático.

En total, Sofía estudió 110 muestras, de las cuales extrajo alrededor de 27.000 foraminíferos. Estas conchas fueron sometidas a diversas pruebas y análisis químicos que le permitieron reconstruir la oxigenación y las temperaturas que se presentaron durante los últimos 30.000 años en el fondo oceánico de África nororiental. Los resultados de su investigación adquieren una trascendencia particular en el contexto de la crisis climática actual. Este tipo de estudios permite comprender con mayor profundidad los cambios climáticos del planeta en el pasado, ofreciendo así perspectivas invaluables para iluminar los desafíos que enfrenta la humanidad en la actualidad. A su vez, su trabajo brinda evidencia sobre la importancia crucial de los foraminíferos en la investigación del cambio climático.

Sofía haciendo trabajo de laboratorio en el Centro Lyell de la Universidad de Edimburgo en Escocia, 2023. Archivo personal de Sofía Barragán Montilla.

Geolatina

Un día de abril de 2023, Sofía estaba revisando su correo electrónico cuando vio uno que le llamó la atención. Era la notificación de que, aparentemente, había sido elegida para un premio de la Sociedad Paleontológica de Estados Unidos. “Qué extraño. Esto debe ser una estafa. ¿Quién me va a dar un premio?”, pensó. Lo que ella no sabía es que hacía bastante tiempo que Rehemat Bhatia y Rocío Caballero-Gill, dos geólogas, tenían en mente postularla para algún premio que reconociera su trabajo científico y su labor dentro de GeoLatinas, una colectividad de mujeres latinas en Geociencias y Ciencias Planetarias. 

Este reconocimiento llegó a Sofía justo cuando no estaba pasando por un buen momento. Estaba frustrada, no sabía si podría publicar un artículo científico que estaba escribiendo y dudaba si todo el trabajo que había adelantado iba a servir de algo. Incluso, a veces pasaba por su cabeza la idea de renunciar. Este premio le sirvió para recordarse a sí misma que su trabajo era valioso. “Es gratificante saber que el esfuerzo que estás haciendo está ayudando a alguien, aunque sea una sola persona. Sentir que tu trabajo tiene un impacto y que no estás perdiendo el tiempo es fundamental. Es maravilloso cuando otros ven tu esfuerzo y te lo hacen saber”, expresa.

Cuando Rocío habla de Sofía, resalta la forma en la que ella va mucho más allá del trabajo de laboratorio y se interesa por la comunicación de la ciencia. En sus palabras, su quehacer científico: “no es solamente de la ciencia del microscopio, aunque le encante; es también la ciencia que te ayuda a conectar con otras personas y comunidades. No es solo para el libro, sino para las personas que lo leen; no es solo para el manuscrito y el paper (artículo científico), sino para las personas que serán impactadas”. 

Sofía y Rocío en una captura de pantalla de una de las reuniones de Geolatinas. Archivo personal de Sofía Barragan Montilla.

Sofía no ha perdido la oportunidad de aportar decididamente con sus conocimientos y habilidades a las diversas iniciativas que adelanta GeoLatinas, desde traducir hasta actualizar el sitio web. Para ella no hay tarea pequeña, porque esta colectividad ha significado que, por más que a veces parezca lo contrario, no están solas haciendo micropaleontología. “Cuando entré en GeoLatinas y empecé a conocer a todas estas mujeres impresionantes, inspiradoras, maravillosas, que ni sabía que existían, para mí fue como abrir los ojos muchísimo porque pensé, ‘Dios mío, somos tantas y aún así nadie sabe de nosotras’. Un grupo de mujeres poderosas que se comprometieron con la tarea de mostrar lo que las latinas hacemos y de lo que somos capaces”, cuenta con honda satisfacción. 

Sofía siempre ha querido volver a Colombia; la idea de investigar los foraminíferos de los océanos de su país natal la llena de entusiasmo. Sin embargo, con el paso de los años, ha notado que, a medida que avanza en su carrera científica como micropaleontóloga, su regreso se vuelve más improbable debido a la falta de condiciones adecuadas para hacer ciencia. “Te animan a que vayas a otro país a prepararte, a que estudies, pero no te dan las garantías para volver y aplicar lo que has aprendido. Es un poco triste”, comenta con melancolía. A pesar de sus esfuerzos por mantener la tradición de hacer arepas los domingos, como lo hacía con su mamá, extrañar a su gente, el ajiaco caliente, los tamales tolimenses y, sobre todo, a su familia, no ha sido fácil mientras se dedica a lo que más le apasiona en la vida: la ciencia.

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